Somos guardia campesina, somos guardianes de la vida

 

 

El conflicto armado colombiano es producto del conflicto social. Las acciones de las clases oligarcas criollas por acumular riqueza, han generado olas de violencia contra las comunidades empobrecidas; violencia expresada en acciones directas por parte de grupos armados estatales y para estatales, en políticas públicas garantistas al capital privado y multinacional. En ese sentido, el estado de miseria y exclusión social y política son dos rasgos principales de los sectores populares colombianos en la historia, por lo que el conflicto armado siempre ha estado alimentado por este choque de intereses.

La conformación de las guerrillas ha sido monitoreada y evidenciada por un sin número de obras que la registran desde diferentes campos y perspectivas. Es una expresión de las comunidades para resistir la violencia estructural[1] y directa de la oligarquía criolla, sin embargo no es la única respuesta popular porque también son conocidas el movimiento social y político con diferentes niveles de intensidad en la movilización social, desde una organización primariamente reivindicativa con un desarrollo paulatino a una disputa por un proyecto político como la experiencia del movimiento comunero de 1781, con alcance nacional y constituido por sectores sociales diversos como el iniciado a principios del siglo XX conocido como el Partido Socialista Revolucionario.

Estos y muchos ejemplos más de nuestra historia evidencian la expresión organizada de la resistencia de los sujetos populares que hasta nuestros días persisten en los procesos organizativos. La intención aquí, es abordar una experiencia concreta, vigente y que está cobrando legitimidad entre algunas comunidades rurales del país. La Guardia Campesina (GC), como expresión de resistencia de las comunidades campesinas con la función de proteger a las personas del territorio, de defender los derechos humanos, contribuir al impulso de la movilización y organización social.

Esta se ha conformado en un primer momento por los mismos vecinos de una vereda para resguardarse de los ladrones del casco urbano, en el inicio de su conformación el interés de defenderse es inmediato, motivado por una necesidad insatisfecha por el Estado, es decir, por la ausencia de la Policía Nacional. Al no sentirse protegida la comunidad por la fuerza pública, optan por ser ellos mismos su protección. En el caso del Cauca, el problema de inseguridad llego a niveles exacerbados y sobre pasaron la paciencia de los habitantes del municipio de Sotará, quienes conformaron autónomamente su GC, igual que en el municipio de La sierra en el sur del mismo departamento[2].

Dentro del proceso de protección comunitaria, se identifican otro tipo de amenazas que llegan al territorio por parte de las multinacionales, que ponen en riesgo las fuentes de bienestar como el agua, la tierra, el bosque y en general los bienes comunes que tiene la naturaleza. Pero, sobre todo, la tenencia de la tierra que ha sido el eje de conflictos históricos por lo que su defensa se introduce en los planes de vida, el cual es construido, desarrollado y defendido por las figuras organizativas que tiene la comunidad como las Juntas de Acción Comunal (JAC), asociaciones campesinas, cooperativas, organizaciones sociales y populares, entre otras donde participe la comunidad; son a estos procesos organizativos que la GC se articula directamente.

Esta articulación direcciona políticamente la GC dentro del plan de vida establecido para ordenar el territorio, la gobernanza propia, la economía propia y las acciones colectivas que exijan el contexto social. Al poner este marco de referencia, se evita que este cuerpo organizado se independice de los intereses de las comunidades y se convierta en un grupo que antagonice con los planes comunitarios. Tal es el caso, que existen filtros para poder ser guardián como el participar primero de la JAC y desde allí se perfila para participar seguidamente en la GC.

Ahora bien, en materia de autonomía también se destaca el rasgo de coordinación con la normatividad vigente, sobre todo la amparada en la Constitución de 1991 y las leyes 1448 de víctimas y la ley 743 que abalan la aplicabilidad de la ley por parte de la comunidad en cierta medida. En el caso de la Policía, se interlocuta con esta fuerza estatal solo cuando sea necesario, mientras tanto los guardianes velan por la paz en la comunidad. A decir verdad, el gobierno propio enmarca este cuerpo de protección popular porque entra en el ejercicio comunitario de decidir y actuar sin mediación institucional vigente, por el contrario, es un ejercicio que levanta los cimientos de una institucionalidad legitima desde la base social.

En el estado permanente de movilización, quienes se asumen como guardianes se ven obligados a tener la defensa de los derechos humanos como uno de sus principios rectores de su quehacer diario. Porque el conocimiento y ejercicio de aplicabilidad de este conjunto normativo suma legitimidad, respeto y ejemplo frente a las comunidades que no llevan a cabo la gobernabilidad propia. Ahora bien, como la defensa permanente de los derechos humanos hace parte de un proceso histórico de defender los logros en materia jurídico y como el ejercicio de autogobierno se articula a la soberanía de los pueblos, en la práctica todo guardia campesino esta desarrollando una práctica que realiza implícitamente cualquier miembro de la comunidad campesina organizada y movilizada.

Si bien es cierto, se viene consolidando una figura de auto-protección legitima en el sector campesino, dentro de la naturaleza del sujeto campesino este en sí también es un guardián que interioriza la protección de todas las expresiones de la vida tanto humana como de la naturaleza y el mundo. Como en el caso de los pueblos indígenas, donde la Guardia indígena también es constituida como parte de la comunidad en la naturaleza misma del ser sujeto indígena se protege con la vida de sus miembros las otras expresiones en el mundo.

 

“Este bastón es el símbolo del espíritu, del amor (afirmó Lucho con el bastón en alto)…

… la guardia también es un espacio espiritual…

… somos Guerreros milenarios del espíritu…

… la Guardia sin espíritu se vuelve algo peligroso…

… sin principios, para qué la guardia…

… la Guardia se debe a la comunidad, al territorio…

… sin territorio y sin gobierno propio, para qué la Guardia…”.

 

Un acercamiento de entender la Guardia Campesina desde la resolución del conflicto

La GC nace dentro de la resistencia organizada del campesinado, fruto de la violencia estructural impulsada por la clase adinerada del país a través del Estado.

Que sin responder violentamente, la GC existe producto del orden social vigente excluyente pero su esencia popular la coloca en la posición antagónica del proyecto moderno, casi que en su exterior por ayudar en la construcción de un territorio y tejido social popular.

Entonces, aquí toma distancia de la teoría de la no-violencia que han tomado vuelo como referencia teórica de algunas experiencias de resistencia popular, como en el caso de la Guardia indígena que se analiza desde este paradigma un poco desalentador por la forma como obvia los contextos socio-culturales de los pueblos del mundo y en una clara pretensión homogeneizadora encubre toda práctica de resistencia con el movimiento independentista de la India, cuyo primer referente es el líder social y espiritual Gandhi. (1).

A partir de esa tensión entre clases sociales las relaciones de poder empiezan a configurarse para el beneficio de aquella que posicione su hegemonía sobre la otra dentro de un contexto local y mundial (contexto mundial que también contribuye a la dinámica del poder). En ese marco referencial del conflicto, la violencia no desaparece por el contrario es inherente a las relaciones sociales, la convivencia, la cotidianidad, a las instituciones y su relacionamiento con el sujeto, la ética, la normatividad y el resto de complejos enramados que hay entre los ámbitos de una estructura social como la colombiana.

Dentro de ese conflicto, el campo popular nace de la violencia por ser el sector excluido y explotado. Esta génesis contiene la resistencia como la otra cara de la moneda del conflicto, porque el sujeto popular comprende a partir de su realidad que por medio de la movilización logrará evidenciar su condición de exclusión, pero también será su herramienta de resolución del conflicto social, es decir, la clase oprimida verá desde su orilla que la movilización popular es su garantía de vida.

Vivir en la orilla de la exclusión es un acto de resistencia a todo el sistema capitalista-moderno-colonial (2), por ende la resistencia es la voluntad de vida del sujeto popular.

Las diferentes movilizaciones, mingas y paros protagonizados por el movimiento social y popular recientes, organizadas por la Cumbre Agraria, Étnica y Popular[3] han demostrado al país y al mundo los efectos nocivos del conflicto social, sus causas y el tratamiento que el gobierno nacional le da a esas causas en el desarrollo de las negociaciones con las diferentes subcomisiones de la Cumbre Agraria (al término del régimen Santos no se ha cumplido ni el 50% de los acuerdos, lo que deja una gran incertidumbre al movimiento social por lo que pasará cuando otro gabinete presidencial llegue en el 2018). Este caso concreto aplica para un análisis aparte y con otros fines investigativos, pero se trae a colación por ser el caso colombiano reciente en materia de conflicto social y los actores que lo protagonizan.

Se tiene en cuenta la histórica práctica de desaparición física del contrincante político por parte de la oligarquía criolla, su incumplimiento a los acuerdos llegados con los otros sujetos políticos y la trayectoria en trampas electorales para mantenerse en el control del Estado. Con esta premisa sobre la mesa, resta piso a una mirada de esta realidad nacional desde la no-violencia, cuando uno de los actores políticos ejerce la violencia como parte naturalizada de su quehacer político y la otra es sometida.

Actualmente, hay un contexto complejo donde la guerra ha tomado rumbos más peligrosos. Se podría decir que las ultimas mesas de negociación entre las insurgencias y el régimen de Juan Manuel Santos han desencadenado una seria de factores nuevos tanto para la etapa de pos-acuerdo en materia jurídica y política, al tener por primera vez un marco normativo exclusivo para los actores armados como en la puesta en escena de un partido político nacido de una guerrilla, que no es nuevo en Colombia, pero si las FARC-EP como otro actor político dieron un empujón de entre las cenizas al debate de quien es explícitamente de izquierda y derecha. Pero esto no es lo peligroso, a lo que me refiero es el crecimiento en terreno y accionar de los grupos paramilitares en ciudades como en veredas, atacando a las comunidades organizadas, asesinando y amenazando a líderes sociales, acrecentando el negocio del narcotráfico, sin haber una reacción del Estado.

 

Siempre hemos sido guardianes

Las formas de organización y métodos de resistencia han cambiado con los años, pero el triángulo de movilización-reivindicación-insurrección armada ha estado presente en las experiencias campesinas. Hoy por hoy viene cambiando esta fórmula hacia una inversión considerable y paulatina, con las mesas de negociación entre el ELN, FARC y gobierno nacional el eje de insurrección armada toma otro rumbo y son las comunidades a partir de la resistencia y unidad en la movilización callejera coyuntural como el paro cívico, la toma de espacios públicos e instituciones las que han cobrado un protagonismo considerable en la puja por hacer cumplir derechos al Estado y llegar a acuerdos de carácter nacional para mejorar las condiciones materiales en los territorios.

En esta vía, la GC materializa la tradición de resistencia de las comunidades rurales con el bastón o berraquillo que simbólicamente representa la dignidad, el respeto e intención de transformación social que poseen las comunidades. De esta manera, reemplaza el arma de fuego a manera de no reproducir la guerra, sino abrir trocha por otras vías de lucha, pero sin salir del marco de la resistencia. Resalta también la participación igualitaria de mujeres, hombres, jóvenes y niños en la constitución de la GC, pues al conocer arriba el sentido comunitario de esta fuerza, es porque todos y todas en la comunidad ayudan a su propia protección. Lo que vemos entonces, es una nueva página del carácter de ser guardián de la vida y el territorio en un contexto donde todavía persiste el conflicto social y armado.

Como no se quiere continuar con la guerra, se contrapone la construcción de la paz con ejercicios de gobierno propio, articulación de proyectos económicos soberanos en las regiones, defensa de los Derechos Humanos y por supuesto de los bienes naturales. Todo tiene que ver con todo, porque la paz enmarca esta práctica guardiana que se articula y depende de las otras prácticas comunitarias que son reflejo de poder popular. Es decir, el proceso de construcción de gobernanza y planes de vida digna son la manera de comprender la paz en el campesinado.

La autodeterminación como derecho no se aplica por mencionarse en algún documento legalmente aprobado, la lucha popular de los sujetos populares exige al Estado el goce de este derecho, pero lo sostiene en el tiempo para que sean cumplidos los objetivos del plan de vida de la comunidad. El pueblo campesino, aún sigue dentro de la lucha social para querer gozar de la autodeterminación, en aras de que sea reconocida su identidad y cultura, sus prácticas económicas y lógicas de gobernanza como pueblo especifico que comparte territorio con otros pueblos como el indígena, afro, rom.

Es por eso que la GC es la expresión vigente de una cosmovisión, de un sistema de valores, como también de un código de prácticas comunitarias propias del campo y que el campesinado es el sujeto protagonista que emplea esta forma organizativa para reordenar el territorio. Aun falta mucho por elaborar alrededor de esta práctica comunitaria cuyo conocimiento se mueve principalmente en el saber oral y práctico, por lo que también es un desafío el entablar el puente entre este saber y la manera de comunicarlo al mundo.

Pero lo que si es claro, es la existencia de este mundo rural que invisibilizado y excluido por el Estado históricamente, persiste como sujeto político que sigue aportando a la historia de Colombia Nuestra América.

 

CITAS:

1. Martínez Daniel. LA GUARDIA INDÍGENA NASA UN EJEMPLO DE INTERVENCION NOVIOLENTA: RELACIONES ENTRE LA TEORÍA Y LA EXPERIENCIA ESPECÍFICA

González Darío. LAS GUARDIAS INDÍGENAS: UNA FUERZA MORAL.

2. Dussel, Enrique. EL ENCUBRIMIENTO DEL OTRO.

 

 

[1] Según Galtung (1998), la violencia estructural corresponde a la unión de todos los choques dentro de las estructuras sociales, estos a su vez se cimentan y producen las desigualdades e injusticias sufridas por las personas dentro de la sociedad.

[2] Entrevista realizada a Walter Quiñones, miembro de la Fundación para el Desarrollo Urbano y Campesino-Ordeurca, Juan Gabriel Garay del Comité de Integración Social del Catatumbo-CISCA.

[3] Escenario de unidad de las diferentes expresiones del movimiento social y popular colombiano, creado para exigir al gobierno de Juan Manuel Santos soluciones a las causas que originaron el conflicto armado colombiano desencadenando movilizaciones nacionales bajo un pliego de 7 puntos generales que recogen las reivindicaciones de estos actores sociales-populares. http://www.cumbreagraria.org/