Territorios campesinos agroalimentarios: reforma agraria a pequeña escala

Por: Juan Alejandro Echeverri

 

Los territorios campesinos agroalimentarios (TECAM´s) son una de las propuestas bandera de la transformación agraria que propone el Coordinador Nacional Agrario. A las políticas económicas que privilegian la explotación indiscriminada de los recursos naturales, la pérdida de soberanía para decidir la vocación productiva de la tierra, sumada a la poca rentabilidad de las practicas agropecuarias, el CNA ha respondido con dicha figura organizativa para demostrar que es posible, y necesario, establecer una relación sostenible entre la naturaleza y el uso de los recursos.

Esta forma autónoma y autogestionada de construir paz y ordenar territorios acordes a las necesidades y aspiraciones del campesinado, utiliza la tierra principalmente para la producción de alimentos; producción acompañada de la preservación, el cuidado del agua, sistemas productivos ecológicos, y otros aspectos ancestrales que son fundamentales para la idiosincrasia campesina.

Según Alberto Castilla, senador del Polo Democrático, mientras que las “zonas de reserva campesina están subordinadas a las políticas de desarrollo definidas por el gobierno y legitimadas por la ley 160 de 1994, los territorios campesinos agroalimentarios, en cambio, no tienen un reconocimiento legal. Estos son una decisión tomada por las comunidades que no está ligada a un modelo de desarrollo capitalista, y cuyo principal interés es ordenar el territorio para preservar la vida. Por ello, debemos emprender más esfuerzos para que ambas iniciativas caminen hacia el mismo horizonte, garantizando un reconocimiento político legal de las figuras de ordenamiento territorial sin estar subordinado a los planes gubernamentales que afectan negativamente a las comunidades”.

Hasta el momento en el país se han materializado tres territorios campesinos agroalimentarios: dos en el departamento de Arauca, y uno que comprenden municipios de Cauca y Nariño. A largo plazo, el propósito del CNA es constituir, al menos, otros 30 TECAM´s:

“Queremos que la gente vuelva al campo”

En el distrito 2 y 6 de Saravena, en la zona conocida como la Isla del Charo donde Ecopetrol quiere desarrollar proyectos de explotación petrolera, está ubicado uno los territorios agroalimentarios de Arauca llamado soberanía y vida popular. Carlos Alberto Nuñez explica que para declarar este TECAM, que abarca 18 veredas, fue necesario socializar la propuesta con las comunidades, hacer una cartografía social, llegar a consensos, realizar talleres, y, sobretodo, “tener creatividad”.

“Con la institucionalidad no encontramos objeción, por el contrario recibimos apoyo. Nuestra pelea consiste en presionar para que las figuras territoriales campesinas sean reconocidas legalmente, sabemos que esto lo logramos con movilización y presencia en las calles”, afirma el integrante de la Asociación Nacional Campesina José Antonio Galán Zorro (Asonalca).

Para Carlos, los TECAM podrían ser el prototipo de reforma que reclama la población agraria del país. Según él, los habitantes de la zona se apropiaron del territorio, ganaron poder de decisión, y están construyendo planes de vida dignos y rentables: “Este es un ejercicio a largo plazo. Queremos que los campesinos tengan motivos para volver a sus tierras. En nuestra región hay la posibilidad de expandir y multiplicar los TECAM porque dónde está parado un campesino se producen alimentos. Esto es un proceso de aprendizaje, los que ya están constituidos nos enseñaron que no podemos permitir que arrasen con nuestros territorios y con el sustento del ser humano: la alimentación”.

El otro territorio campesino agroalimentario constituido en Arauca abarca 10 veredas de Fortul. A estos se les sumaran otros dos que esperan proteger los ecosistemas de la ambición extractivista de la empresa petrolera OXY.

“Cuando las transnacionales mineras amenazaron con llevarse el agua, reaccionamos”

“Nosotros tenemos mucho poder cada vez que nos organizamos. Los campesinos podemos mover todo. La fuerza nos permitirá conservar el agua para nosotros, para nuestra descendencia” afirma Amanda Martínez, promotora del primer territorio agroalimentario del país, compuesto por 14 municipios del Norte de Nariño y 3 del sur del Cauca.

La amenaza de la minería legal e ilegal que se cierne sobre esta región fue la principal razón que motivo este primer experimento de gobernabilidad autónoma. El representante del Comité de Integración del Macizo Colombiano (CIMA), Robert Daza, asegura que: “Cuando las transnacionales mineras amenazaron con llevarse el agua, destruir el suelo para su producción y destruir el tejido social, el campesinado reaccionó”.

Aunque el apoyo de las Alcaldías fortalece el proceso y le brinda garantías a los líderes que participan de él, su puesta en marcha no depende del aval de las instituciones gubernamentales. La experiencia del macizo ha contado con un amplio respaldo, sin embargo, Amanda asegura que los “territorios son construidos desde las comunidades, su funcionamiento no depende de ese apoyo”.

La formalización de esta experiencia en el macizo incluyó los mismos pasos de los TECAM´s araucanos, pero además se realizaron mingas de mojoneo y pagamento. En las primeras, los campesinos delimitan, con sus banderas y símbolos distintivos, la porción de tierra que les corresponde. En la minga de pagamento, dice Robert, “un grupo de 600 personas, entre ellas ancianos, niños, mujeres y hombres, caminaron hasta el pie del Cerro de la Campana para agradecerle a la madre naturaleza y decirle al cerro que nosotros nos comprometemos a defenderlo. Nosotros no somos consumidores sino productores de cultura, por eso existe una conexión espiritual con los elementos vitales del territorio, esa conexión es indestructible”.

Los procesos sociales de esta zona del país aspiran constituir ocho territorios campesinos agroalimentarios más, 3 de ellos serán formalizados en los próximos meses. Materializar un sistema de gobernanza que garantice condiciones de vida diga, es decir acceso a educación y servicios públicos, potestad para decidir lo que se siembra, lo que se produce, y lo que se consume, requiere más que buenas intenciones. Sobre todo cuando la población solo posee minifundios cafeteros menores a una hectárea, como en el caso del territorio campesino agroalimentario del macizo.

En consecuencia, Robert Daza reconoce que falta todo por hacer: “El plan de vida agua y dignidad campesina, como nosotros lo llamamos, lo proyectamos a 20 años. El trabajo es grande, apenas estamos empezando. Tenemos que lograr construir una conciencia de comunidad campesina, de familia campesina con derechos, con una identidad propia. El tiempo nos dirá cuánto tardaremos. Los pueblos indígenas, que han tardado décadas, nos han mostrado el camino. Eso no se consigue de la noche a la mañana. Es necesario caminar el territorio con la gente… dedicarle la vida de los líderes”.